Otro escándalo en Pami: una auditoría interna detectó desvíos en prácticas oftalmológicas y ópticas
Según el relevamiento realizado por la propia obra social, existían maniobras de sobrefacturación, prestaciones fantasmas y cobros indebidos a afiliados.
La obra social Pami volvió a quedar en la mira: en los últimos días realizó una auditoría interna en donde identificó una presunta red de desvíos en prestaciones oftalmológicas y ópticas, con patrones de sobrefacturación, prestaciones fantasma, circuitos cerrados y cobros indebidos a afiliados. Cabe destacar que en agosto del año pasado varios profesionales de distintas provincias habían denunciado que el organismo pagó hasta diez veces más caros los lentes intraoculares que se usan en las cirugías de cataratas.
El relevamiento que realizó en abril el Instituto Nacional de Servicios Sociales para Jubilados y Pensionados (Inssjp-Pami), ejecutado mediante cruces de datos del sistema de Órdenes Médicas Electrónicas (OME) y auditorías prestacionales, demostró que estos supuestos desvíos de fondos no fueron hechos aislados, sino que las maniobras se detectaron en las provincias de Santiago del Estero, Buenos Aires, Entre Ríos y La Rioja.
La auditoría identificó al menos cinco modalidades de desvío, siendo la más extendida la sobrefacturación de anteojos. Según el informe, los prestadores recetaban lentes de baja graduación, pero facturaban módulos de alta graduación, hasta cinco veces más caros: “Un módulo real tiene un valor de $4.941, mientras que los módulos facturados llegaron a $27.204”.
A esto se suman las “prestaciones fantasma”, consistentes en consultas y estudios nunca realizados, donde “hasta el 50% de las órdenes carecía de respaldo clínico”.
El esquema también incluyó circuitos cerrados con conflictos de interés y el cobro indebido a los jubilados por lentes que debían ser gratuitos. Los auditores relevaron casos donde se ofrecían productos fuera de cobertura a precios exorbitantes, llegando a detectar pagos de “hasta 1.500 dólares más $353.500 por lentes que debían estar cubiertos”.
En Santiago del Estero se investigan 606 casos de sobrefacturación con un perjuicio de $10,4 millones: todo apunta a que habría un vínculo familiar directo entre el médico derivante y el titular de la óptica.
En Entre Ríos, la situación fue descrita por los auditores como una “facturación sin sustento médico real”, tras hallar 613 casos de sobrefacturación y recetas emitidas sin dioptrías.
Estas maniobras se enmarcan en un proceso de investigación más amplio sobre el sistema OME que ya cuenta con al menos seis causas judiciales activas.
Uno de los expedientes más avanzados radica en la ciudad santafesina de Rafaela, donde se pidió el juicio oral para un médico y una farmacéutica por confeccionar 636 prescripciones apócrifas. El fraude se constató al rastrear las direcciones IP de las recetas electrónicas, las cuales “correspondían a computadoras ubicadas en el domicilio comercial de la farmacia”.
Otros hallazgos incluyeron volúmenes de atención imposibles, como un cardiólogo que registró 689 órdenes en un solo día, lo que equivaldría a jornadas de hasta “108,7 horas diarias”.
Irregularidades de larga data
Una nota publicada meses atrás por el el medio Todo Noticias (TN) detalló que hasta julio del año pasado, cada oftalmólogo compraba los lentes directamente a los laboratorios y después rendía la factura a Pami, que reintegraba el monto junto con los honorarios fijos por la práctica. Cada lente monofocal costaba cerca de $35.000.
Pero en agosto de 2025, la obra social licitó la compra masiva de lentes intraoculares por un período de doce meses (renovable un año más) por más de $80.000 millones. Al mismo tiempo, dio de baja el esquema anterior a través de la resolución 1737/2025, que obligó a los médicos a pedir los insumos directamente al organismo.
Fue entonces cuando oftalmólogos de todo el país denunciaron que esta maniobra, lejos de abaratar costos, los incrementaron. Por cada lente –que podían comprarse a cinco laboratorios distintos–, Pami pagó entre $150.000 y $300.000, un monto que superaba entre cinco y diez veces el valor del mercado.
Los profesionales de la salud también denunciaron que esta compra centralizada generó problemas operativos: los lentes llegaban tarde y obligaban a reprogramar cirugías de cataratas ya pautadas con afiliados.
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