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Bunge resolvió cerrar su planta industrial de Campana, provincia de Buenos Aires, después de más de 50 años de actividad. La medida alcanza a 110 trabajadores y también involucra a la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA), socia en la operación.

La fábrica producía amoníaco, materia prima para fertilizantes nitrogenados, y tiosulfato de amonio, utilizado en formulaciones líquidas que aportan nitrógeno y azufre a los cultivos. La empresa señaló que las instalaciones presentaban limitaciones tecnológicas y de infraestructura que, junto con las dificultades de abastecimiento y los cambios del mercado, afectaban su viabilidad.

La principal preocupación pasa ahora por el futuro de los trabajadores y sus familias. Según informó La Nación, Bunge prevé implementar un proceso de acompañamiento para el personal afectado y cumplir con las obligaciones laborales, aunque todavía no se precisaron los plazos del cierre ni si habrá posibilidades de reubicación.

La decisión se limita a la planta de Campana y no implica el retiro de Bunge del mercado argentino. La compañía continuará con sus actividades y sus planes de inversión en infraestructura y activos productivos vinculados con la transformación de materias primas agrícolas.

El cierre se conoce en un momento de fuerte presencia de la multinacional en el negocio agroexportador local. Tras su integración con Viterra, Bunge encabezó las declaraciones de ventas al exterior durante el primer semestre de 2026, con 11,6 millones de toneladas, según datos de la Bolsa de Comercio de Rosario. La decisión de desactivar la fábrica vuelve a poner el foco en el impacto laboral de los cambios productivos en una de las principales empresas del sector.

Autor: admin