Por qué Milei generó empatía en los jóvenes y cómo supo captar su enojo

El especialista en estudios de juventudes se explayó sobre cinco causas o motivaciones del voto joven a ese candidato.

«Otra cuestión llamativa es que Milei, quien es reactivo a la agenda de género y disidencias y al cambio climático, tenga un arraigo entre las juventudes cuando esas son dos agendas muy importantes para este sector», dijo el especialista. Crédito: Reuters

Pablo Vommaro es especialista en estudios de juventudes y participación política. Doctor en Ciencias Sociales y profesor de Historia, se desempeña como docente e investigador de la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA), del Conicet y del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso). «Creo que era tal el enojo, tal el descontento, la rabia, la insatisfacción con lo que había, y tantas esperanzas cifradas en algo distinto o algo supuestamente nuevo, que no les importaba la racionalización de ese voto», sostuvo, en una entrevista con El Litoral.

«Con esto no quiero decir que sea un voto irracional, sino que tiene una racionalidad afectiva, emocional, vincular, y no tanto de analizar propuestas políticas», aclaró el co-coordinador del Grupo de Estudios de Políticas y Juventudes de la UBA.

Pablo Vommaro participará del encuentro «Yendo! Juventudes y participación en la ciudad de Santa Fe», organizado por la concejala Laura Mondino junto con el Concejo Joven del Concejo Municipal. Será el martes 28 de noviembre, a las 17.30, en Salta 2943. La inscripción se realiza a través del siguiente link.

-Milei congregó dentro de su variado electorado a las juventudes ¿Qué lectura hace de las motivaciones de ese sector etario a inclinarse por el candidato?

-Coincido en que una proporción importante se inclinó electoralmente por Milei, pero no toda la juventud; hay un sector que eligió otras opciones. Y esto tiene que ver con varias cuestiones, cuatro o cinco al menos. Una de ellas es reconocer que hay una situación de precarización material y de degradación de las condiciones de vida de los jóvenes, que viene de hace 10 años como mínimo, no es nueva y que se incrementó con la pandemia. Todos los indicadores sociales cruzados por la variable generacional dan negativos o están en baja: aumentó el desempleo juvenil; más del 40% de los jóvenes son pobres; hay más dificultades para acceder a la vivienda entre la juventud; los barrios populares están más deteriorados.

Un segundo elemento es una degradación de carácter subjetiva, simbólica, afectiva, vincular y emocional, ya no tanto material, sino más vinculada, por ejemplo, al confinamiento en la pandemia, o al suicidio, que desde el 2022 es la segunda causa de muerte juvenil, cuando en el 2014 era la sexta causa de muerte en ese segmento etario. El confinamiento es una experiencia que todavía resuena en las juventudes y que el mundo adulto no se da cuenta de eso.

La tercera causa tiene que ver con la falta de escucha del mundo adulto a la juventud. Hay una frase que dice que las juventudes son muy habladas pero poco escuchadas. En el adultocentrismo, todos hablamos en nombre de los jóvenes, los queremos interpretar, queremos saber lo que piensan, queremos llegar con nuestro mensaje a ellos, pero muy pocos pensamos cómo escucharlos, cómo reconocerlos. ¿Por qué traigo esto como causa? Porque justamente muchos jóvenes sentían que nadie los escuchaba y que el único que empatizaba con ellos y los comprendía, era Milei. Él pudo «engancharlos» con muchos anhelos y lenguajes juveniles; es decir, muchos jóvenes sentían que Milei les hablaba a ellos y les decía lo que sentían o lo que querían decir.

Una cuarta motivación tiene que ver con que, ante dos experiencias frustradas o que al menos no cumplieron con las aspiraciones de sus votantes -las de los gobiernos de Macri y Alberto Fernández-, aparece una tercera opción que se presenta como por fuera del sistema y disruptiva, mientras que los otros candidatos en disputa no hacen ninguna autocrítica: ni Bullrich, ni Larreta ni Massa. Por lo tanto, ante dos experiencias frustradas que no reconocen los fracasos, aparece una tercera persona con una fuerza y una astucia para captar ese descontento, diciendo «no soy la casta».

Y una quinta y última causa o motivación, tiene que ver con el mundo digital, de las redes sociales. Muchos jóvenes me decían que conocieron a Milei en TikTok durante la pandemia. O sea, ese grupo de la derecha más reaccionaria, llamada a sí misma libertaria, tuvo una habilidad digital muy fuerte. Comprendió la lógica de las redes sociales, que es «dialógica», tiene una dinámica de diálogo, no sólo de emisión de mensajes. Y supo captar ahí también una circulación de sentido juvenil que hizo que tuviese potencia y una gran capilaridad el mensaje de Milei.

«En Santa Fe vamos a dialogar acerca de qué es lo que los jóvenes quieren, qué piensan, sienten y cuáles son sus propuestas. Un espacio donde esperamos tengan voz propia y se expresen», anticipó Pablo Vommaro. Crédito: Gentileza

Un voto no ideológico

– Ni siquiera la advertencia de que va a haber vouchers en la universidad, lo cual los afecta directamente, los convenció de elegir otra opción ¿Por qué?

-Yo creo que era tal el enojo, tal el descontento, tal la rabia y la insatisfacción con lo que había, y tantas esperanzas cifradas en algo distinto o algo supuestamente nuevo, que no les importaba la racionalización de ese voto. Fue un voto que tuvo más un componente emocional-afectivo. Con esto no quiero decir que sea un «voto irracional», sino que tiene una racionalidad afectiva, emocional, vincular, y no tanto de analizar propuestas políticas, por lo cual estas discusiones de voucher o no voucher se relativizaron. Ahora, si uno mira las ideas políticas de los votantes de Milei, sobre todo entre los jóvenes, no están de acuerdo con que la educación se privatice. Es decir que hay una disociación entre las posiciones político-ideológicas de muchas personas y su preferencia u opción electoral. Entonces, la motivación de su voto pasaba por otras cosas, no por el programa de Milei, por las propuestas o por la ideología. De hecho hay muchas entrevistas en que los jóvenes no podían reproducir ni una sola propuesta de Milei e igual estaban convencidos de votarlo. O sea, no es un voto ideológico, al menos en su mayoría, sino que es un sufragio más vinculado al «me representa», «expresa mi malestar, mi descontento», «tengo rabia y él habla como yo», «me escucha», «me siento identificado».

– En uno de sus libros analiza la participación política de los jóvenes en la Argentina en la última década. ¿Podría resumirla?

– Creo que hay una persistencia de interés de las juventudes por la participación en los últimos años. Eso es importante porque muchas veces se decía que las juventudes no estaban interesadas en política, no estaban comprometidas, eran individualistas, apáticas. Claramente se vio que no era así en el 2000, en el 2015, en las movilizaciones vinculadas con género, con cambio climático, con matrimonio igualitario, con interrupción voluntaria del embarazo, y se vio también ahora con Milei. Creo que hay una persistencia del compromiso juvenil. Sí puede haber otra motivación y otras vías de participación; por ejemplo, la fuerte presencia digital.

Más malestar, que grieta

-¿Qué diferencias hay entre el joven seguidor kirchnerista, del que hoy sigue a Milei? ¿Quedaron los jóvenes atrapados en la grieta?

-Hay que decir que las opciones electorales que querían cerrar la llamada «grieta» no tuvieron tanta fuerza como la de Milei que se basó, justamente, en profundizar la grieta. Pero no creo que las juventudes estén «comprando» la grieta necesariamente, porque hubo encuestas de percepción sobre juventudes que mostraban que no eran los grupos más cercanos a la grieta. Por ende, yo lo pondría más en términos de malestar, descontento, insatisfacción, que de grieta o no grieta. Otra cuestión llamativa es que Milei, quien es reactivo a la agenda de género y disidencias y al cambio climático, tenga un arraigo entre las juventudes cuando esas son dos agendas muy importantes para este sector. Ahí se vio que el de Milei es un voto más masculino que femenino -de ahí su reacción a temas de género-, y se vio también que muchos colectivos vinculados con temas ambientales y climáticos se movilizaron en rechazo a las ideas de Milei. Pero aún con esa no consideración a ambas agendas, Milei sin duda pudo captar el descontento, el malestar, la insatisfacción y representar una suerte de esperanza de un futuro mejor, ante un presente de precarización.

-¿Los jóvenes votan por convicción o suelen estar influenciados por su entorno: familia, colegio, pares?

-Los jóvenes votan por convicción, pero no es lo mismo convicción que ideología. Y están influenciados por los medios sociales, al igual que un adulto. Creo que hay muchas cosas de los jóvenes que son muy similares a otros grupos sociales, y otras que son singulares y específicas de ellos. Los jóvenes votan por convicción, que no es lo mismo que ideología o que racionalidad política en un sentido clásico, sino que la convicción puede ser «éste me escucha», «éste habla mi lenguaje», «dice lo mismo que yo». O sea, ese tipo de convicciones sin duda las juventudes las tienen y se mueven por ellas. Y están influenciados por su medio social, por la familia, los amigos, el colegio, los pares; muchos votan en reacción al mundo adulto, otros siguiendo al mundo adulto. Pero yo creo que están influenciados más o menos como sucede con otros grupos sociales; en eso no veo distinción.

Pablo Vommaro disertará el martes, a las 17, en Salta 2943. Crédito: Gentileza

Militancias totales

– Se suele acusar a los jóvenes de hoy como poco interesados en política o de estar desideologizados si se los compara, por ejemplo, con los de los ’70. ¿Qué puede decirnos sobre esa mirada?

-No creo que los jóvenes estén desinteresados por la política, como venía diciendo antes. Claramente el de hoy no es un voto ideológico. Tampoco estoy seguro que el de los ’70 lo fuera plenamente. Pero el de hoy es un voto que tiene que ver con muchos contenidos emocionales, afectivos, vinculares, con empatía de grupo, con sentirse identificados. Hay una persistencia de la participación bajo otras formas también, sin duda. Y lo que sí creo es que hay otras agendas y otros modos de militancia. El modo de militancia de los ’70 era más sacrificial, más heroico, más del esfuerzo. En cambio, la militancia del 2000, que ya había comenzado en los noventa, es una militancia más desde la alegría, vinculada con el disfrute, con lo estético, con lo ético, con lo expresivo, lo comunicativo; por eso las dimensiones afectivas, vinculares, emocionales tienen tanta importancia.

También es una militancia más intensa que la de los ’70 porque es «más total». En los ’70 yo militaba en una organización, inclusive de lucha armada, y mi comportamiento individual, doméstico, no necesariamente era consecuente con eso. Hay muchos estudios sobre personas machistas, discriminadoras, inclusive con violencia de género o con maltrato hacia sus hijos, que eran militantes revolucionarios de una cierta izquierda. Entonces, no había una coherencia necesariamente establecida en ese sentido. En cambio, hoy en día, algunas nuevas agendas militantes, por ejemplo, las vinculadas con el ambiente, con el cambio climático, con la relación con la naturaleza, con la de género, con los feminismos y las disidencias, son agendas más totales. Es decir, yo milito y vivo como milito, o sea, defiendo el medio ambiente y las pautas de consumo son coherentes con eso. Hay una búsqueda de una vida integral, de una militancia articulada con la vida, así que es más intensa, más total y más integral que la de los ’70. Con un basamento menos ideológico y más empática, más emocional, vincular y afectiva.

– ¿Hay políticas de Estado destinadas a los jóvenes o son un sector olvidado por lo público?

-Las políticas públicas de juventudes son una gran deuda que tiene nuestro país hacia ellas. Por un lado, falta marco normativo. No hay una ley nacional de juventudes, sí hay una Ley Nacional de protección de los derechos de niños, niñas y adolescentes, la 26.061. No es que si hubiese una ley específica para los jóvenes, estarían mejor. Pero sí es cierto que con un marco normativo tendrían otro paraguas u otro marco de posibilidades. Segundo, no hay suficiente información sobre las juventudes. No hay una encuesta nacional de juventudes que se recomienda que haya cada tres o cinco años. En la Argentina hubo solo una en el 2014, única en su historia. Fue algo aislado y creo que falta mucha información y datos. En los censos no se incluye un apartado sobre juventudes como si se incluye sobre otro grupo social.

O sea, falta mucho conocimiento hacia las juventudes. Y sin duda que las políticas públicas son elaboradas e implementadas con poco protagonismo juvenil. Seguimos discutiendo las mismas políticas de bienestar material del pre-2015: Progresar, AUH, Conectar Igualdad. O las de bienestar simbólico que también son pre-2015: si tiene que haber o no matrimonio igualitario, la interrupción voluntaria del embarazo -que es más nueva pero de la que se viene hablando hace muchos años-, la ley de identidad de género. Seguimos discutiendo esas mismas medidas, leyes, programas o políticas públicas y creo que falta innovación, una actualización fuerte de las políticas públicas de juventudes en la Argentina que debe hacerse con participación y con protagonismo juvenil. Y no que los adultos interpreten los sentires juveniles y hablen por ellos, los reemplacen o nieguen estas voces.

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